El otro día comentaba de qué iban las Paradojas de Zenón. Habíamos dicho que en realidad no eran aporías puesto que hoy en día plantean problemas que se pueden resolver con nuestros conocimientos. Así pues, aquí van unas sencillas explicaciones de dónde está la trampa en cada una de ellas:
La paradoja de Aquiles y la tortuga
El fallo de Zenón fue no saber suficiente sobre las cosas infinitas, no le podemos reprochar nada puesto que este es un tema que aún hoy en día pone a muchos matemáticos en dificultades. Según él, una suma de infinitos términos (los pequeños avances que da la tortuga cada vez que Aquiles se acerca a ella) no podía resultar en un valor finito; por tanto, el veloz aqueo jamás superaría al esforzado animal. No obstante, el cálculo infinitesimal (los bien queridos límites) nos dice que una suma infinita puede dar un resultado finito si es convergente. Por supuesto, la carrera no se trata de un caso divergente.
La paradoja de la flecha
En esta ocasión no necesitamos del cálculo infinitesimal para rebatir a Zenón sino un poco de conocimiento de física clásica. No voy a ponerme a hablar de mecánica newtoniana o hamiltoniana (aunque he de reconocer que sería interesante), solo necesitamos examinar qué es lo que entiende Zenón por reposo. Él dice que en cada instante de tiempo la flecha no se mueve, por tanto, está en reposo y como se encuentra en reposo en cada instante de tiempo, la flecha nunca se mueve.
El error que se comete en esta situación es considerar que la flecha esté en reposo en cada instante de tiempo. Es cierto que la flecha no se mueve en un instante (digamos que es como una fotografía), pero eso no implica que esté en reposo. Para saber si algo se mueve o no, debemos ver su evolución en varios instantes de tiempo. Si algo está en diferentes posiciones en diferentes instantes, entonces se está moviendo. A partir de una fotografía no seremos capaces de ver si algo se mueve o no, pero con un vídeo (un conjunto de instantes, de fotogramas) sí podremos apreciar el movimiento.
La paradoja de la dicotomía
Por último, esta tercera paradoja se basa en la misma falacia que la primera: una suma infinita no puede dar un resultado finito. Por suerte para nosotros, esto es falso como expliqué anteriormente. Ahora sí voy a recurrir a los números para que quede lo más claro posible.
Supongamos que la distancia entre Zenón y el árbol es 1 (1 metro, 1 kilómetro, 1 yarda o lo que prefiráis). En primer lugar, la primera recorre la primera mitad, esto es
. A continuación, recorre la primera mitad de la mitad restante (
), luego deberá recorrer
, etc. Tendríamos algo así:

Zenón decía que nunca llegaríamos al árbol lo que matemáticamente es equivalente a decir que la anterior suma no tiene como resultado 1 (la distancia total entre el filósofo y el árbol). Sin embargo, podemos comprobar matemáticamente (sólo necesitamos calcular la suma infinita de una serie geométrica) que la siguiente igualdad es cierta:

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